La Teología de la Liberación, que se considera nacida el año 1968, es una importante respuesta ideológica que, desde un sector de la Iglesia católica, se ha dado a la situación de explotación y opresión en la que vivían muchas gentes de Latinoamérica. Uno de los más importantes pensadores de esta teología fue Gustavo Gutiérrez, Premio Príncipe de Asturias de comunicación y Humanidades 2003, compartido con Ryszard Kapuscinki. Lo recibieron “por su coincidente preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo, que han tratado de tergiversar su mensaje”.
Digamos para empezar que la Teología de la Liberación nunca ha tenido el beneplácito de las altas autoridades eclesiásticas católicas y que sí ha sido bien acogida por algunos sacerdotes y unos pocos obispos, así como por los movimientos de liberación populares y por la gente más sencilla del pueblo cristiano. Señalemos también que los pensadores de esta Teología han sido perseguidos en diversos países latinoamericanos y en algunos casos asesinados, como el P. Ignacio Ellacuría y sus compañeros de la U.C.A. en El Salvador. También lo fueron los obispos Oscar A. Romero y Juan José Gerardi.
La Teología es la reflexión que se hace sobre la vida, la historia, los comportamientos humanos, la fe cristiana… a la luz de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, de la doctrina de los Santos Padres y de la Tradición de la Iglesia. La Teología de la Liberación presenta a Cristo y al cristianismo como fuerza de liberación personal y social. Es una reflexión que nos sugiere también cómo hay que vivir la fe comprometiéndose a hacer un mundo nuevo, distinto a este mundo donde hay una gran mayoría de empobrecidos porque que son explotados y oprimidos, obligados a vivir como esclavos de otros que se enriquecen a su costa, siendo también expoliados de todos sus derechos ciudadanos, negándoles una participación real en la vida pública y social. La Teología de la Liberación incluye una espiritualidad que ante todo conlleva un compromiso en la transformación de los condicionamientos sociales que son causa de la situación en la que viven los pobres.
Estos obispos hacen responsables de la pobreza y dependencia de los países latinoamericanos a aquellas fuerzas que, inspiradas en el lucro sin freno, conducen a la dictadura económica y al imperialismo internacional del dinero. En aquel momento denuncian la violencia institucionalizada que las fuerzas del Estado ejercen sobre los más pobres. Se afirma también que para cambiar la sociedad la Iglesia habrá de apoyarse más en la fuerza de la Palabra de Dios que en el dinero, los medios de comunicación, la propaganda... Y se afirma la idea de que el elemento esencial de la estructura eclesial será la Comunidad Cristiana.
También se invita a la Iglesia a dejarse evangelizar por los pobres, pues son ellos los que viven valores típicamente cristianos, tal como la solidaridad, la sencillez, la sensibilidad ante las injusticias, ante el mal reparto de los bienes...
En relación con la Teología de la Liberación aparecen dos documentos en los que se la acusa de marxista y en consecuencia se emprende su erradicación total y sistemática de todos los espacios eclesiásticos y docentes. El rechazo de esta teología llegó a ser signo distintivo de ortodoxia.
Sería muy importante que la Iglesia oficial asumiera la T. de la L., pues de ese modo muchos católicos que suelen seguir las directrices eclesiásticas la aceptarían de buen grado. La T. de la L. nace dentro de la Iglesia y quiere estar en ella.
Por otra parte, hay que señalar que si la T. de la L. desapareciera quienes realmente perderían serían los pobres, que quedarían aún más marginados, más silenciados. Las autoridades eclesiásticas son responsables ante Dios, ante la historia y ante los pobres de la suerte de la T. de la L.
Además con su rechazo a la T. de la L. la Iglesia perdería credibilidad, sobre todo por rechazar un análisis de la realidad social que se impone a la inteligencia por lo objetivo que es.
Tampoco se podrá tergiversar tanto el mensaje de Jesús como para no percibir que el rechazo a la T. de la L. contradice la esencia misma del evangelio.
Además, sin la T. de la L. la Iglesia perdería su dimensión profética, que forma parte también de su misma esencia: la Iglesia no puede dejar de denunciar el mal que hay en el mundo, siguiendo la tradición nacida ya en el A. T., ejercida sobre todo por los profetas, asumida por Jesús de Nazaret y continuada por los apóstoles, por los Santos Padres y los nuevos profetas que fueron surgiendo en toda la historia del cristianismo.
Sin la T. de la L. se perdería una voz crítica hacia la misma Iglesia, que se haría más ultraconservadora, autoritaria y patriarcal, se haría más fundamentalista, al ahogar una voz dentro de la Iglesia Católica que tiene todo el derecho a expresarse y mostrar un aspecto de la verdad de Jesús que para algunos es incuestionable: aquella faceta suya de com-pasión con los necesitados, hasta el punto de identificarse con ellos. Sin la T. de la L. se perdería la conciencia crítica de la Iglesia hacia el sistema económico neoliberal y los poderes políticos-económicos que lo sustentan.
Las características son fundamentalmente las mismas, pero se incorporan temas nuevos o matices en los que ya trataba, fruto de nuevas sensibilidades en el modo de tratar o comprender al ser humano o nuevas realidades sociales.
La Teología de la Liberación estará en contra del capitalismo neoliberal. Principalmente por estos dos motivos: a) El capitalismo anterior a este neoliberal buscaba el desarrollo nacional, el de todos los ciudadanos, aunque nunca lo lograra. El sistema actual, cuyo éxito se mide por la eficiencia del mercado y por conseguir una máxima ganancia, lleva consigo la exclusión masiva de todos aquellos que no son necesarios para conseguir sus fines económicos. Son muchos los que quedan fuera del sistema, considerados como población sobrante, desechable. b) Los recursos naturales están también sujetos a su regla de oro del máximo beneficio, que es la única ley que hay que respetar. La conservación de la naturaleza y del medio ambiente encarece los precios de los productos, está, pues, en contra de la lógica del mercado neoliberal. Se la trata sin ningún respeto.
En cuando a la opción por los pobres. Se toma conciencia de que más que pobres son empobrecidos y este concepto se hace más extensivo. Siendo como es el sistema, la opción por los pobres hoy ha de ser opción por los excluidos, por la naturaleza expoliada y maltratada, por el débil (niño, anciano, mujer, negro, indio..., por los rechazados por ser diferentes (homosexuales, disminuidos...). Así pues, la opción por los pobres es hoy más necesaria y urgente que nunca, porque hemos adquirido conciencia de otras marginaciones, y porque además ha crecido su número en el mundo.
El compromiso temporal ha de encauzarse, sobre todo, a través de los movimientos sociales que nacen en los suburbios, entre los campesinos, emigrantes, indígenas, feministas, homosexuales, prostitutas, de niños, de jóvenes, de ancianos, ecologistas, ONGs de solidaridad, de promoción, de cooperación al desarrollo...
La espiritualidad de quienes asumen esta teología hoy propicia en ellos la liberación de la ley, de los prejuicios, del sentimiento de culpabilidad, del pesimismo, de cualquier esclavitud que ahogue al espíritu. El prójimo a quien hay que amar es sobre todo el desempleado, el necesitado, el marginado, el débil, el despreciado, el desplazado, el sin papeles...
El profeta hoy tiene que denunciar el imperialismo de los países más poderosos, la perjudicial globalización de la economía, el sometimiento de los países más pobres bien a través de mecanismos económicos, tecnológicos, propagandísticos..., o por la fuerza de las armas. El profeta ha de participar en los Foros de crítica al actual sistema, en los movimientos pacifistas, antiglobalización... También se ha de denunciar la postura de la Iglesia excesivamente conservadora, espiritualista, encerrada en sí misma..., ciega a la realidad del sufrimiento de los más débiles de la sociedad.
Jesucristo es visto como fuerza liberadora de todas las esclavitudes que sufre el ser humano y la madre tierra. Hoy sigue siendo necesaria la liberación de tantas leyes injustas que empobrecen a la gente y de todas las leyes represivas que protegen a los explotadores y corruptos que roban los dineros públicos en muchos casos impunemente. Nada de aforamientos, ni delitos que puedan prescribir. Lo que sí hay que hacer son leyes que protejan a los marginados de la sociedad, a los que quedan sin trabajo, sin techo, sin tierra.
También en la Iglesia se necesita liberación. Jesús sólo deja a sus discípulos un mandamiento: el del amor. En esta Iglesia, hoy, sobran leyes, que en su gran mayoría lo que consiguen es una religión formalista, encorsetada y ahogar el espíritu, la creatividad. La fe más que verla como aceptación de un conjunto de contenidos, en su mayoría ininteligibles, con un ropaje filosófico propio de otros tiempos, hay que considerarla como adhesión a Jesús de Nazaret en quien se confía y al que se quiere seguir imitando su estilo de vida, su modo de ser, de sentir, de pensar y de hacer.
La predicación del Reino es la misión a la que se comprometen sus discípulos. Jesucristo es el Reino de Dios. Y quiso que todo y todos lo fueran también. Este Reino lo anunció con propio mismo vivir y lo explicó con su palabra. Estos pueden ser en resumen los valores de este Reino: la vida, la verdad, la justicia, la paz, el amor. En el texto evangélico llamado “Sermón del Monte” también se resaltan otros valores del Reino: la austeridad, la fortaleza, la mansedumbre, la misericordia, la mirada limpia o sin prejuicios, el pacifismo.
¿Y qué hacer cuando el Reino de Dios sufre violencia? ¿Qué hacer cuando el ser humano es sometido a estructuras de esclavitud, de explotación y de opresión, cuando se esquilma el salario de los trabajadores, cuando las leyes se hacen para favorecer o proteger a los poderosos, cuando se quita la libertad a los ciudadanos, instalándose en el poder gobiernos dictatoriales, cuando existe una violencia institucionalizada, ejercida por las mismas Fuerzas del Estado, cuando se practica la tortura, cuando se mata a quienes lideran los movimientos opositores, cuando todo es corrupción...?
Los cristianos hemos de mirar a Jesús para encontrar la respuesta a esta pregunta. La postura que él adoptó fue la pacifista. Rechazó enrolarse en los movimientos violentos que había en su tierra. Pero su pacifismo no fue no hacer nada. Su actitud crítica a la religión opresora establecida fue tan fuerte y radical que le costó la vida.
El compromiso temporal Jesús lo centró en el campo de la religión. ¿Esta opción temporal personal que adoptó Jesús ha de condicionar todas las opciones de todos los cristianos en todos los tiempos de la historia? Evidentemente no. Todos los sectores de la sociedad pueden y deben ser objeto de la acción transformadora de los cristianos. También es necesario el compromiso político desde donde poder cambiar las condiciones sociales.
Hay que ver cómo obró Jesús y al mismo tiempo hay que considerar también la fuerza de la violencia a la que los seres humanos o la naturaleza están siendo sometidos. Hay que analizar las condiciones sociales en cada momento para tomar la decisión concreta del compromiso temporal de un cristiano, que puede ser distinta en unas personas y otras. Podemos ver a unos cristianos que han optado por una postura pacifista y a otros que tomaron la decisión de entrar en algún Ejército de Liberación Nacional. Sobre el empleo de la violencia en defensa de los brutales ataques a los más débiles, hay que valorar la situación de dolor de quienes son agredidos y en qué medida está generalizada. ¿Se puede estar soportando sin límite y con impunidad a quienes están oprimiendo y empobreciendo hasta la muerte a miles o millones de personas, utilizando incluso todos los medios del Estado? ¿No se puede justificar a quienes toman las armas en defensa del dolor de los más indefensos, arriesgando incluso la propia vida? Yo creo que sí.
José María Álvarez
Texto escrito en el año 2002 para estudio de los alumnos de bachillerato del IES “RÍO NORA”